Técnica de destilación de aceites esenciales

Lo primero que tenemos que saber es que hay diferentes maneras de extraer de una planta su aceite esencial, y podremos aprovechar todas sus partes: como sus flores o sus frutos, el tronco, la corteza, las raíces, las hojas, en definitiva nos sirve cualquier parte que desprenda olor.

Hay varios procedimientos como digo, uno es la presión con presas, pero también en el sur de Francia se utiliza un método muy interesante: teniendo en capas de grasas los pétalos de algunas flores para extraer su esencia y utilizarla en perfumería.

Otra de las maneras muy utilizada y extendida es la del arrastre de vapor. Precisamente para conseguirlo necesitaremos una herramienta indispensable, el alambique. Os serán familiares estos instrumentos medievales que usaban los alquimistas porque puede ser que hayáis visto a vuestros abuelos hacer aguardientes artesanales o, simplemente, os lo hayan contado.

Como dato curioso os diré que el alambique se remonta muy lejos, por lo menos al siglo décimo, cuando los árabes lo introdujeron en la península para darle muchísimas aplicaciones.

Nosotros vamos a darle varios usos. Uno de ellos como podría ser para la huerta, como una herramienta más, puesto que los aceites esenciales tienen muchísimas propiedades interesantes como por ejemplo hacer repelentes para insectos para mantener la salud de nuestros cultivos. Además, las plantas para obtenerlos son muy fáciles de conseguir ya que las tenemos bastante cerca: como el laurel, los naranjos, el eucalipto y el ciprés entre muchos otros. Todos ellos tienen propiedades increíbles que ya veréis.

Vamos a pasar ahora a describir un poquito la anatomía de nuestro alambique de que componentes se compone.

Lo primero que vamos a necesitar es una fuente de calor, como un quemador de gas de cualquier ferretería.

El siguiente elemento que necesitamos es la caldera de cobre, que es el recipiente donde colocaremos la parte de la planta que vamos a destilar. Esta caldera la colocaremos encima del quemador de gas o de la fuente de calor.

A continuación  vamos a colocar una rejilla perforada, que se puede doblar para facilitar el manejo, dentro de la caldera de cobre. Sobre ésta va a descansar toda la masa vegetal para que no entre en contacto con el suelo de la caldera y evitar que se nos queme la planta.

Lo siguiente que vamos a hacer es poner agua para que se forme vapor. La caldera en este caso tiene un volumen de 30 litros, así que con 2 o 3 litros de agua sería suficiente.

Después introduciremos dentro nuestra planta, en este caso es el romero y procederemos a colocar otra de las piezas se llama capitel. Es una pieza que lo que va a hacer es condensar y concentrar todo el vapor para obligarlo a salir por el punto más alto del capitel que tendrá un orificio de unos 3cm de diámetro más o menos. Lo vamos a insertar fijándolo para que encaje perfectamente y tenemos que hacer un poquito de presión para que quede lo más justo posible.

La siguiente pieza es lo que llamamos el cuello de cisne porque su forma imita el cuello de un cisne. Esta lo que hará es que se condense el vapor en el capitel y obligar a que el vapor pase través de ella. El cuello de cisne tiene una tuerca que enroscamos en el capitel para impedir que se salga el vapor.

Al empezar a hervir el vapor arrastrará las esencias del romero y las hará subir, subir y subir hasta pasar por el cuello de cisne y empezará a descender hasta pasar a la siguiente pieza, el vaso de enfriado (se llama así porque en su interior hay un serpentín de cobre que se encarga de ir enfriando el vapor mientras circula por su interior) . Nuestro vaso enfriador tendrá que estar lleno de agua lo más fría posible para que el paso del vapor por el serpentín en estado gaseoso pase a estado líquido y poder recogerlo con un recipiente y obtener nuestra agua de esencias.